viernes, 14 de mayo de 2010

En el que se presentan los personajes de Koji y El Escocés y de lo que les acontenció el tercer jueves.

Tras consultar los hados, los dioses en los que no creo, y un escocés extraño y alucinado, he determinado empezar este blog.  Porque la vida tiene momentos buenos, malos y de los otros, y algunas veces también tiene momentos surreales, divertidos y/o simplemente extraños. Este blog se abre con un momento ... surreal, creo.

 ***

Koji y El Escocés se conocen desde hace mucho, mucho tiempo. Son compañeros de trabajo y buenos amigos. Por razones largas de contar, Koji ha descuidado su amistad con El Escocés,  aunque trata de ponerle remedio. Algunos jueves, Koji y El Escocés quedan por la tarde para tomar unas cervezas fuera del trabajo. Se han escrito ríos de tinta y se han bebido mares de cerveza para explicar la catarsis mágica de la cebada malteada, fermentada, enfriada y servida en botellas translúcidas, así que este tema está bien documentado y no es necesario explicar que con las cervezas se adquiere una perspectiva distinta de casi todas las cosas.

La narración comienza el tercer jueves, antes de que El Escocés haga su entrada. Lugar: típico bar irlandés trasplantado al sur de España. Koji llega media hora antes al lugar del crimen, y se dispone a esperar al Escocés. Hace mucho sol en la calle,  y Koji se quita las gafas de sol al entrar en el local en penumbra.

Barra al frente, con bastantes taburetes libres. Grupo de sesentones celebrando algo a la derecha, cuatro hombres, dos mujeres, bien vestidos con chaquetas y corbatas ellos, distinguidos trajes de corte ellas. En la mesa se acumulan copas vacías y están brindando con copas llenas. El típico grupo que va a empezar a subir el volumen de la voz rápidamente. Koji se adentra unos pasos en el local para evitarlos. Varias parejas en mesas pequeñas. Esta gente nunca da ruido, así que Koji se sienta en uno de los taburetes libres casi al final de la barra, en el ángulo. Koji no es alto, pero aún así las piernas chocan contra la barra y se gira. El movimiento le ha dejado mirando de frente a una de las mesitas de pareja. Solo que no es una pareja, sino un par de jaguares: dos mujeres de más de cuarenta, café la rubia, copa de ron la morena, algo más alta, bien bronceadas a mediados de mayo, discreto maquillaje, complementos bien elegidos, sin anillos en los anulares. Dos jaguares que han salido a cazar.

Koji se da cuenta que está sentado frente a peligrosos depredadores y no quiere ser la presa. De forma que se gira hacia el otro lado antes de que establezcan contacto visual. Los jaguares están ahora a su espalda y se siente fuera de peligro. Primera cerveza. Normalmente, los jaguares ignorarían a Koji, que suele vestir vaqueros y camiseta, pero hoy Koji viene de un compromiso social y está bien vestido; traje azul dos piezas, camisa blanca con botones en el cuello, sin corbata, barbita de tres días.  Koji no es mal parecido, a tenor de una evaluación externa objetiva, y aunque tiene más años de los que quiere recordar, aparenta algunos menos que los jaguares. Pero Koji es un ingenuo.

Veinte minutos más tarde, Koji está terminando su media pinta (Foster's, porque Australia también existe), y viendo un partido de tenis de Rafa Nadal en la gigantesca pantalla que domina la barra. Los jaguares han terminado y se están preparando para salir. Koji no había previsto el ataque lateral. Uno de los jaguares le ha rozado al pasar a su lado. El típico roce que no es casual pero tampoco compromete a nada. Koji sonríe porque sabe lo que viene ahora. Error. La jaguar rubia estaba mirando a Koji y malinterpreta la sonrisa. Flush, flush. Pestañas con rimmel y ojos claros. Flush, flush. Mirada intensa. El Lenguaje Morse Universal para háblame, capullo. Koji, que ya no tiene nada que perder, la evalúa: un 7. Paga ella, mientras la jaguar morena se ha colocado perpendicular a la barra y justo delante de Koji. Mirada intensa. Desvío de mirada. Mirada intensa. La jaguar morena también tiene los ojos claros, y roza el 9. Koji se ríe (ahora interiormente) porque sabe que sólo tiene que hacer la pregunta que rompa el hielo; los jaguares se lanzarán en cuanto huelan sangre. Pero Koji ha quedado con El Escocés, y además está casado, así que se gira unos centímetros más y desvía la vista. Sólo queda una duda por resolver: ¿cuál será la que mire hacia atrás con ojos de reproche y decepción al salir del local? ¡Bingo! La jaguar morena. ¡Espera, no! ¡Doblete! La rubia también. Dos de dos. Koji sabe muy bien que dos jaguares no es muy meritorio, pero aún así se ha divertido; no todos los días se hace un doblete.

Hoy El Escocés ha llegado pronto, pero viene con ganas de merendar. El Escocés y Koji tienen una rutina bien establecida: cervezas, cena, cervezas. Pero hoy han quedado a las seis de la tarde y El Escocés se ha pedido un café y una tarta. +10 de gay. La tarta se la han puesto con nata montada y adornada con sirope de caramelo. +10 de gay adicionales. Koji bebe media pinta de cerveza floja. +10 de gay adicionales. Claro está que Koji y El Escocés no se han dado cuenta de que en unos segundos han incrementado su gay-level en 30 puntos. Están pasándolo bien hablando de música, de la guitarra acústica que Koji ha visto hoy, de los teclados que El Escocés quiere comprar y cosas así. Es parte de la rutina que la conversación seria sucede durante la cena. Durante las primeras cervezas se habla de cosas ligeras, y durante las últimas cervezas dan carta blanca a la hilaridad general, así que los asuntos serios quedan para la cena. Tras la tarta, El Escocés se ha pedido un Baileys  (+10). En retrospectiva, El Escocés y Koji lo estaban pidiendo a gritos.

Una hora y algo más tarde, están listos para cambiar de local.  Van a ir a cenar a un sitio nuevo que les ha recomendado Miss Black. Patatas fritas (no de bolsa), montaditos y tal. Comida para cerveza, en tres palabras. En el preciso momento en que El Escocés recoge su bolsito (+10), se produce el ataque. Pero no son jaguares, esta vez.

Equivocado es alto, alrededor de metro ochenta y comienza su show con una sonrisa amplia. En breves segundos informa con locuacidad (Koji y El Escocés se han mirado y etiquetado de víctimas en los tres primeros segundos) de que está de vacaciones desde el día anterior en Sevilla, vive en Lisboa, donde su mujer se ha quedado, tiene la llave del piso de unos amigos, y los sevillanos, como él, tienen algo especial. El Escocés, cobardemente, aprovecha el final del primer asalto para irse a mear. Koji, atrapado, se queda con el corazón encogido. Uno de los problemas de Koji es que el sistema educativo en el que se formó ha erradicado su capacidad para decir verdades inconvenientes a desconocidos. Por ejemplo:

-lo siento tío, no vas a follar conmigo. Ni con El Escocés, aunque sea un cobarde y me haya dejado aquí tirado.

Segundo asalto. Afortunadamente, El Escocés mea rápido, aunque Equivocado ha tenido tiempo de tocar el antebrazo de Koji (casualmente) en el minuto corto que El Escocés se ha ausentado mientras hablaba de lo adaptables que son los sevillanos. Koji salta más que baja del taburete cuando llega El Escocés, pero Equivocado bloquea el paso hacia la salida y de todas formas hay que pagar la cuenta.  Equivocado cambia de ritmo, pregunta por la ciudad natal del Escocés y aprovecha para tocarle. Hay que reconocer que Equivocado tiene madera, ha tocado a los dos dentro de los primeros tres minutos. El segundo asalto es suyo. Al pagar la cuenta, la camarera se hace un lío: sólo cobra la mitad de las consumiciones. La otra mitad está en la cuenta de Equivocado: aparentemente Equivocado había instruido al anterior camarero para invitar a Koji y al Escocés a una ronda de copas, pero todos, Equivocado, Camarera, El Escocés y Koji hacen como que no comprenden las implicaciones de la mezcla de las cuentas y El Escocés termina de pagar. Fin del tercer asalto. Koji y El Escocés llevan ventaja, pero muy poca. Mientras Equivocado huele la derrota pero dispara su último cartucho, Koji lo esquiva por la izquierda, ya tiene vía libre hacia la puerta.

Es en los pequeños detalles donde se descubre a los auténticos héroes. Koji podría haber caminado los pocos pasos que le separan de la puerta, pero no va a dejar ningún camarada atrás en manos del enemigo. Koji se vuelve y distrae a Equivocado con una mala excusa. El Escocés, como en una ensayada coreografía, aprovecha el hueco y sale escopetado. Fin del combate. Equivocado pierde, aunque los ha tenido varios minutos contra las cuerdas.

Ya en la calle, Koji y El Escocés se sonríen. No necesitan comentar nada de lo que acaba de suceder; saben que es material para las últimas cervezas.

2 comentarios:

  1. Interesante... más teniendo en cuenta mi supino desconocimiento del episodio de las jaguares. Para eso están los amigos?!?!?! Me pregunto, desconsolado.

    Dónde queda la solidaridad? Do la compasión?

    Eso sí, el próximo jueves recordaré no llevar bolso... si nos ahorramos un susto como éste, bien valdrá la pena el esfuerzo de cargar con el móvil ;-)

    En fin, como debut, insuperable crónica, Koji-san. Esperemos próximas entregas en las que supongo que nos retrotaeremos al pasado...

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  2. ¡Gracias, Escocés! Dos cosas: sabes que cuento contigo para recordar algunas de las mejores historias y para vivir otras nuevas.

    Y la próxima vez, si se tercia, retendré las jaguares. Si te atreves :)

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